¿Por qué la Salvación del Alma tiene que ser su mayor sueño?

¿Por qué la Salvación del Alma tiene que ser su mayor sueño?

Por Departamento Web

Todo ser humano nutre dentro de sí un sueño, sin embargo, ninguno de estos debe ser mayor que la Salvación del Alma.

Hay quienes sueñan en ser una gran bailarina y formar parte de una gran compañía de baile. Otros anhelan convertirse en un “top model” conocido mundialmente y desfilar para las famosas líneas de ropa de París. O quién sabe si convertirse en un gran jugador de fútbol, jugar para grandes clubs y competir por la Copa Mundial. Esto sin mencionar a los que sueñan con el estrellato de Hollywood.

No obstante, para cualquiera de ellos es necesario toda una vida de empeño y dedicación. No es suficiente entrenar solo durante algunos días de la semana, o cuando sobra un tiempito en la agenda. No. Es necesario disciplina, perseverancia, renuncia.

Solo llega a la cima los que hacen de su sueño su combustible. Toda su vida, su rutina diaria es planeada en torno y en función de este. Si algo lo desvía de aquel objetivo, este, simplemente, lo elimina de su vida y continúa mirando la meta, hasta que, finalmente, llega allá.

Tal vez usted lleva años esmerándose y sacrificando por una realización personal, por un sueño, que por más grandioso que sea y le traiga toda la felicidad del mundo, tiene una fecha de caducidad, pues su vida terrenal es limitada.

Usted se dice ser cristiano, pero cuando se trata de cuidar la vida espiritual, tal vez, no tenga la misma disposición, aunque, ciertamente anhele la Salvación. Sin embargo, para alcanzarla es necesario mucho más que desearla. Tal como le escribió el apóstol Pablo a Timoteo:

“Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente” (2 Timoteo 2:4-5).

Y forma parte de dicha milicia al participar en las reuniones para los miembros. En la Iglesia Universal, la reunión de miércoles se proyecta para el crecimiento de la fe y el aumento de los frutos de los que son miembros del Cuerpo de Cristo.

“Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y el amor de todos y cada uno de vosotros abunda para con los demás” (2 Tesalonicenses 1:3).

La importancia de las reuniones para los miembros

Tal vez usted sea aquel miembro que no falta a las reuniones de lunes, a final de cuentas sus negocios necesitan prosperar, pero cuando el miércoles llega, que es una reunión para invertir en su vida con Dios, para buscar alimento espiritual, usted no se empeña tanto para estar presente, renuncia ante el primer obstáculo. No es sabio buscar prosperidad financiera sin preocuparse también de tener la prosperidad espiritual, pues la segunda es la que sustenta a la primera. Este alimento espiritual es el que proporcionará la fuerza necesaria para vencer las luchas y los obstáculos que surgirán.

A este respecto, ninguna realización personal, fama o gloria adquirida en esta vida terrenal es capaz de proporcionar la mayor gloria, la mayor conquista, la mayor honra que un ser humano puede alcanzar: la vida eterna.

“Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos” (1 Timoteo 6:12).

Usted llegó a la iglesia infeliz y vacío. Se liberó, encontró la paz, se bautizó en las aguas, fue llenado por el Espíritu Santo y hoy tiene alegría interna. Ahora, es necesario hacer el mantenimiento de su fe y eso sucede participando en las reuniones de miembros. Pues, si usted ya está bautizado, es necesario entender que el bautismo en las aguas no es el fin de la caminata cristiana, sino el comienzo.

La razón por la que muchos se enfriaron en la fe

Muchos cristianos se debilitaron, se enfriaron o incluso cayeron en la fe porque, después del bautismo en las aguas, no continuaron alimentando su fe. Así como un bebé no puede ser abandonado, el bautizado en las aguas es un bebé espiritual que necesita ser cuidado por su madre espiritual que es la iglesia. Y ese cuidado se lleva a cabo en las reuniones de miércoles —el día de los miembros bautizados en las aguas.

Si se bautizó en las aguas recientemente o desde hace mucho tiempo, pero no le dio continuidad a su desarrollo espiritual, se siente débil, no logra orar, está pasando por luchas y pruebas, la reunión de miércoles es para usted. Por lo tanto, no falte. No espere tener tiempo o ganas, haga lo que necesita ser hecho, sintiendo ganas o no. No descuide la Salvación de su alma.

Asista todos los miércoles al Templo de la Fe, ubicado en la Av. de Las Américas 305, norte de Guayaquil, a las 7H, 10H, 15H y especialmente 19H, también puede participar en la Iglesia Universal más cercana a su hogar.

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