Mi mayor problema…

Mi mayor problema…

Por : universal.org.ec

Mi nombre es Pamela, estoy regresando a la iglesia después de siete años aproximadamente.

Fui educada en la iglesia, pero por querer vivir mi vida, sin reglas y sin responsabilidades, me fui y, por supuesto, pagué un alto precio de dolor y mucho sufrimiento.

Después de años ausente, pude estar en la última reunión del Godllywood y, sinceramente, puedo decir que existía una Pamela antes y otra después.

Mi mayor problema siempre fue el orgullo, que, a su vez, traía consigo altivez y prepotencia. Y así fui hasta ese día.

Salí de casa pensando que iba a escuchar todo lo que ya sabía de la Biblia, que no me agregaría nada, que ya era una esposa ejemplar y una mujer sabia. A mí, oír una predicación de otra mujer diciéndome cómo debería actuar me molestaba profundamente.

A medida que iba oyendo la Palabra, me volví más y más pequeña en la butaca. Miré a mi alrededor, disfracé la incomodidad para que nadie la notara. Finalmente estaba reconociendo que las cosas no iban tan bien como imaginaba. Contuve las lágrimas por unos momentos. Cambié mi semblante. Reconocí mi error, mi deficiencia e insignificancia. Al final de la reunión, la vergüenza era mayor que el orgullo. Yo no era tan perfecta como imaginaba.

Cuando llegué a casa, visité todas las habitaciones. Es curioso que, dos horas atrás, no había notado nada incorrecto y ahora nada parecía estar bien.

Lloré mucho. Es un comienzo doloroso y difícil. Llegué a esa reunión como una niña y regresé como una esposa, madre de dos hijos. Salí una de casa, volví en 4 personas.

Solo quería compartir el cambio externo que ocurrió el día después de nuestro encuentro. Fueron tres días de arduo trabajo y todo está como Le agrada al Espíritu Santo. Mi corazón está dispuesto. Necesito matar al orgullo antes de que él mate mi fe.

Ahora tengo hambre de oír, tengo sed de aprender. Solo quiero que sepa que solo una palabra, salida de sus labios, muy probablemente cambió mi vida y la de mi familia para siempre.

Por cada crítica que usted recibe, también existe un alma impactada por el Espíritu Santo en su vida.

Usted ni siquiera lo sabe, pero muchas veces ha sido mi mejor amiga.

Dios la bendiga.

Con amor,

Pamela Beatriz

Obispo Macedo
Obispo Macedo

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