La fe nos lleva a creer en la respuesta

La fe nos lleva a creer en la respuesta

Por universal.org.ec

La fe nos lleva a creer que el mismo Dios que oye nuestra oraciones, también nos traerá una respuesta.

Dios no hace magia, Él trabaja de acuerdo con el ser humano. Si éste hace su parte, Dios hará la de Él. Cuando una persona determina cambiar y abandona lo que hacía o era, como resultado, el Espíritu Santo desciende sobre ella y le hace una nueva criatura.

Dios oye a todos los que Lo invocan con sinceridad. En cualquier lugar y a cualquier hora, hable con Él de sus necesidades, sus dolores, sentimientos, voluntades y dificultades.

No se olvide que el Único a quien debe dirigir sus oraciones es al Señor Jesús, ya que Él dijo:

“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. Juan 14:6

Los problemas en la familia afectaron mi personalidad

En mi casa sólo habían problemas y discusiones, no había momentos de paz ni de convivencia por causa de los problemas entre mis padres, a raíz de eso ellos decidieron separarse, pues no veían otra solución para sus problemas.

Esa decisión me afectó mucho, caí en un cuadro depresivo muy fuerte, comencé a sentir odio por mis padres, principalmente por mi papá, pues pensaba que él no puso de su parte para permanecer a nuestro lado, pese a los problemas que habían dentro de casa.

Pasé a tomar actitudes equivocadas que más tarde sólo me trajeron más infelicidad y sufrimiento.

El resentimiento por mi padre me llevó a pensar, que si un hombre no soporta la dificultades en una relación, entonces, una mujer si soportaría. Conocí a una chica con la que inicié una relación sentimental, desde los quince años, pero todo se volvió un caos, pasé a soportar insultos, maltratos, groserías, consecuentemente esa relación llegó a su fin 5 años después, y con esto vinieron los pensamientos de suicidarme, yo no podía seguir sin ella a mi lado. Sufrí tres años por aquella relación, en los cuales comencé a sufrí con insomnio, era insegura, tenía complejos, intentaba estudiar, pero todo me iba mal, no conseguía trabajo. No tenía paz ni alegría. Mi madre se llevó una gran decepción cuando se enteró que yo era lesbiana.

Un día mi mamá me dijo que había una puerta de salida y que existía una solución para mí, me invitó a la Iglesia Universal y acepté ir. Desde el primer día sentí paz, después de salir de una reunión, y supe que de verdad todo cambiaría y que día mejores vendrían.

Con el paso de varias semanas fui liberada del lesbianismo, del deseo de morir, del desanimo, de la pereza y aquel vacío que sentía fue llenado. Entregué mi vida a Dios, me bauticé en las aguas y a través de la fe, recibí el Espíritu Santo. Gracias a Él hoy tengo paz, alegría, soy una mujer segura, con nuevas perspectivas, conquisté mi negocio propio, terminé mis estudios, Dios me volvió una nueva persona.

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