La rutina de la fe

La rutina de la fe

Por Departamento Web

Mientras muchos sacrifican todo para tener una vida plena bajo la dirección de Dios, recibieron el Espíritu Santo y manifiestan el verdadero placer de convivir con Él las 24 horas del día; hay otros que, lamentablemente, están jugando con la fe.

A pesar de tener a la mano esta oportunidad, no les interesa ser verdaderos hijos de Dios y ser provistos de Su Espíritu. Son aquellos que ven tedio en la rutina de un cristiano verdadero o incluso realizan ciertas acciones, pero solo como una obligación o un peso. Para que tú, amable lector, comprendas mejor, citaremos un par de ejemplos.

Un dentista llega todos los días a su consultorio y atiende problemas comunes: una carie, un diente quebrado, un dolor, etcétera. Probablemente, hay unos diez motivos más frecuentes que causan más del 90 por ciento de las consultas. ¿Y el dentista se cansa de esa rutina? ¡No! No se cansa porque fueron años de estudios, tiempo de sacrificio para alcanzar el sueño de ser un dentista.

No obstante, tenemos la contraparte, un abogado que no ejerce su profesión, sino que vende coches, al final estará frustrado, para él significará un peso ir a su trabajo, le parecerá rutinario y aburrido porque en realidad su sueño estaba en la abogacía.

Si alguien no está contento con la rutina que tiene es porque no sacrificó para estar allí. Pero ¿por qué muchos frecuentan una iglesia y sus vidas simplemente no siguen adelante? Simple, porque esas personas no están totalmente en la Presencia de Dios; incluso, pueden ir a las reuniones, realizar propósitos, participar en alguno de los diversos grupos, pero no ponen su corazón en lo que hacen.

Es decir, están por obligación. No obstante, se sienten con el derecho de cuestionar al Señor porque sus vidas no cambian y no se dan cuenta que está allí para ayudarlos, pero son ellos los que no se someten a Él. Esa es la diferencia entre los que sienten verdadero placer de estar en la Presencia de Dios y los que es simplemente una cita más en su agenda. Tener un verdadero compromiso con Dios es tener la seguridad de que se estará viviendo a plenitud.

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