La fuerza de una cuerda de tres nudos

La fuerza de una cuerda de tres nudos

Por universal.org.ec

Estar enamorado es la mejor parte de la vida, pero también es la etapa más peligrosa. Nacemos, crecemos y empezamos a pensar en formar una familia. Todo esto hace parte de la formación de la humanidad. Muchos hogares son disfuncionales y terminan separándose porque olvidaron lo principal: el amor, el cual no es sólo una emoción o un deseo carnal. ¡No! El amor es dedicación, atención, compañerismo, fidelidad, el cual requiere tiempo y paciencia para poder ver resultados positivos. 

«Uno puede ser vencido; dos, en cambio, resisten mejor; pues no se rompe fácilmente una cuerda de tres nudos». Ec. 4: 12

Aquí está bien claro lo que Dios quiere que todos entendamos y la mayor razón del porqué es importante que una familia esté unida y fuerte. El secreto para tener un matrimonio, familia, noviazgo, en n, una relación fuerte es cuando ambas partes aprenden a poner a Dios en primer lugar. Cuando la pareja aprende a trabajar, caminar y planificar junto con Dios todos estos problemas y malos hábitos como: enemistades, mentiras, adulterio, prostitución, engaños, traiciones, iras, peleas, malos entendidos, vicios, desaparecen del camino de la pareja o persona. 

Las malas energías como la envidia es peor que un cáncer, esta energía puede perjudicar a cualquiera, pero esto no sucede cuando se tiene a Dios en primer lugar. Por eso, dice aquí en este pasaje que es mejor ‘tres nudos’ porque el tercero representa a Dios. 

Por lo tanto, amigo lector, participe de este día para aprender a como luchar por su felicidad en el amor y en su familia.

LA ADICCIÓN DE MI ESPOSO A LA PORNOGRAFÍA Y A LAS MUJERES ME CONVIRTIERON EN UNA PERSONA CELOSA

Nuestra relación llegó al punto en que me convertí en una mujer violenta contra mi esposo y mis hijas. En mí había nacido un odio contra mi esposo, por causa de que él tenía el vicio de la pornografía y era mujeriego. Eso me enfureció y me llevó a tener unos celos fuera de lo normal, hasta el punto de seguirlo a su trabajo. Las discusiones entre él y yo eran fuertes y ambos llegamos a agredirnos. 

Esa era nuestra situación, cuando mi esposo conoció la Iglesia Universal, él comenzó a participar de las reuniones, recibió orientaciones y yo noté un cambio en sus actitudes; después él me invitó a participar y acepté. Hoy mi esposo está libre de todos los vicios, es un hombre cariñoso y respetuoso. 

Por mi parte ahora ya no soy más aquella mujer agresiva y celosa. Hoy somos una familia completa y feliz porque hemos comprendido que, al usar nuestra fe en Dios, todo es posible.

•• Sra. Sandra, junto a su esposo Ignacio

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