Fe sin sentimientos

Fe sin sentimientos

Por : universal.org.ec

Cuando hablamos de fe en Dios, la mayoría de las personas siempre tiende a inclinarse hacia lo religioso, hacia esa fe que se basa en las cosas que ve o siente.

La fe religiosa está llena de sentimientos, de emociones, una fe vacía, tal vez incluso llena de conocimientos bíblicos, pero sin resultados prácticos, y, por supuesto, sin cambios en la vida de quienes la poseen. Y ese ha sido el motivo principal por el que miles de personas viven decepcionadas con Dios, con la iglesia, perdidas y sin fe.

La fe bíblica no tiene nada que ver con esto, porque si analizamos bien la Palabra de Dios, comprobaremos que la verdadera fe está totalmente libre de sentimentalismo, es cruda. Nunca se mueve por las cosas que ve o siente, se fundamenta única y exclusivamente en lo que está escrito en la Palabra de Dios. Reacciona, funciona y obedece incondicionalmente a lo que Dios dice.

En la fe verdadera no hay negociación, tira y afloja, discusiones, ¡¡¡no!!! Hace lo que está escrito, ¡¡¡se guía por la Voz de Dios y punto!!!

Vea lo que dice Dios:

Mirad a Abraham vuestro padre, y a Sara que os dio a luz; porque cuando no era más que uno solo lo llamé, y lo bendije y lo multipliqué”. Isaías 51: 2

¿Por qué Dios nos ordena que miremos a Abraham? Porque en él encontramos el tipo de fe que llama la atención de Dios, que Le agrada, que Lo lleva a revelarse a una persona. Una fe completamente libre de sentimientos, corazón o emoción.

En Abraham encontramos la fe verdadera, la que proviene del Propio Dios, la fe pura y sincera, dispuesta a obedecer sin cuestionar. Eso sucedió en su llamado en Génesis 12: 1-3, cuando Dios, desde Su primer encuentro con Abraham, le ordena que se vaya de su casa y deje a su familia y parientes, es decir, que se desvincule de todo tipo de sentimientos que pudieran interponerse en su relación con Dios.

Si realmente queremos ver a Dios obrando en nuestra vida, debemos desvincularnos de todo lo que esté entre nosotros y Él, no puede haber apego a nada ni a nadie. En otras palabras: DEBE HABER SACRIFICIO.

Durante toda la trayectoria de Abraham, vemos que este era el tipo de fe que tenía, lo que lo llevó a ser tan íntimo que Dios lo llamó amigo (Isaías 41: 8).

Esto revela la profundidad de la relación que Abraham desarrolló con Dios. Aprendió a obedecer sin cuestionar, sin preguntar, sin querer saber el porqué de las cosas que Dios le decía. Simplemente obedecía. Esto eleva el nivel de confianza, de entrega, y es lo que marcó y marca la diferencia entre unos y otros.

Cuando leemos Génesis 22: 1-3, vemos el punto culminante de una fe sin corazón, sin sentimientos, sin emociones, solo una fe pura, verdadera, con plena certeza y confianza en la Palabra de Dios, al punto de que Abraham, sin titubear, estuvo dispuesto a ofrecerle a Dios lo que más amaba, aquello por lo que más había luchado por tener y lo que había deseado durante toda su vida: su único hijo.

En este punto, Abraham reveló lo que Dios era y representaba para él, cuánto Lo amaba y cuánto confiaba en Su carácter y poder. Su amor, devoción y fe estaban por encima del hijo, de la mujer, del dinero, en fin, nada se interponía entre Abraham y Dios, él no permitía que nada interfiriera en esa relación, y por eso dejaba de lado todas sus emociones y sentimientos humanos.

En el padre de la fe no había duda ni desconfianza, sino lo único que Dios quiere del ser humano: ¡FE PURA! Y ante tal actitud, despojo y sacrificio, no Le restó al Dios Altísimo más que decir:

“Por Mí mismo he jurado, dice el SEÑOR, que por cuanto has hecho esto, y no Me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a Mi voz”. Génesis 22: 16-18

Todos deben preguntarse, indagarse sobre esto: ¿Qué tipo de fe tengo? ¿A qué grado llega mi confianza y dependencia de Dios? ¿Estoy dispuesto a obedecer al Dios Altísimo en ese nivel?

¡Si logra responder a estas preguntas con sinceridad, comprenderá por qué su vida es lo que es y está dónde está!

No lo olvide: ¡su calidad de vida es el resultado de la fe que usted tiene!

Obispo Macedo
Obispo Macedo

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