Cuando me invitaban a la Iglesia, me rehusaba y decía que yo estaba bien

Cuando me invitaban a la Iglesia, me rehusaba y decía que yo estaba bien

Por universal.org.ec

Mi vida estaba destruida, pero lo que me tenía en el fondo del pozo era un cáncer en el útero.

Los médicos me habían desahuciado, me realizaban tratamientos y tomaba muchos medicamentos, pero ya no servía de nada, ya que no conseguía calmarme los dolores, los que a medida que pasaba el tiempo sólo se intensificaban.

Me deprimía pensando que esa enfermedad era mi fin, no comía.

Espiritualmente la angustia me carcomía interiormente, no conseguía conciliar el sueño.

Después me dijeron que iban a operarme y lo hice, sin embargo, aún quedaban células cancerígenas.

Sentía miedo de la muerte, así estuve por dos años, en los que no sólo sufría yo, sino también mi familia.

El peor momento de mi vida fue cuando los médicos dijeron que no había como revertir mi cuadro, la muerte era eminente.

Siempre había recibido la invitación de una amiga para ir a la Iglesia Universal, ella me decía que Dios era mi oportunidad, pero, el orgullo me ganaba y me excusaba diciendo que yo estaba bien, cuando en el fondo yo sabía que nada estaba bien, en realidad quería descansar de tanto sufrimiento.

Pero llegó un momento en que llegué a la conclusión de que no tenía nada que perder yendo a la Iglesia, por fin, decidí aceptar a invitación de mi amiga.

Desde ese momento fue como una luz al final del túnel, empecé a tratar de entender como funcionaba la fe, fui participando de las cadenas de oración, donde día a día me sentía más fuerte y pedía a Dios una oportunidad.

Paulatinamente fui recuperándome, empecé a usar mi fe y finalmente Dios operó el milagro, fui curada totalmente, entonces luché también por mi liberación, quería ser libre de todas las dudas, pensamientos negativos, depresión, orgullo. No fue fácil desprenderme de todos esos sentimientos, pero Dios me ayudó a vencerlos, tornándome en una mujer de fe. Decidí obedecer a Dios, Su Palabra, me entregué de cuerpo, alma y espíritu, perdoné, me bauticé en las aguas, Dios me volvió una nueva persona, al poco tiempo fui bautizada con el Espíritu Santo y Él me dio dirección en todo.

Hoy, soy una mujer feliz y toda mi vida ha sido transformada.

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