10 señales de que usted está perdiendo su salvación

10 señales de que usted está perdiendo su salvación

Por Departamento Web

Su condición espiritual en la cotidianidad, incluso en las actitudes más comunes, influencia su destino frente a la eternidad. Su “hoy”, tiene que ver con el “para siempre” mucho más de lo que imagina. Muchos ignoran eso, creen que están al día con la fe y con el Espíritu Santo, pero pueden estar engañados.

Sí, hay cristianos caídos de la fe incluso dentro de las iglesias. Pueden estar presentes en todas o casi todas las reuniones, ser diezmistas fieles o tener funciones en la Obra de Dios. Por fuera son cristianos de fe, pero, por dentro, ¿en dónde está Él? Ser religioso es diferente de ser cristiano.

Algunos creen que “calentar la silla” es suficiente para que estén salvos en la eternidad al lado del Altísimo.

Y es exactamente en el día a día que ese peligro puede suceder. Cuando todo cae en la rutina, la persona empieza a actuar en modo automático y el distanciamiento con respecto a Dios se va intensificando gradualmente, casi sin ser percibido. Cuando ella lo nota, ya puede estar a un paso de apartarse o incluso puede estar fuera creyendo que todo va a salir bien.

La vida secular o incluso las obligaciones y deseos van tomando el lugar del Creador en sus vidas sin que el engañado note ese grave error. Aunque al inicio esos aspectos empiecen a dar frutos, con el paso del tiempo, las metas personales se van a la cajonera, los sueños son pospuestos, las relaciones caen en la monotonía, la salud ya no es la misma, así como los cuidados personales. Lejos de Dios, todo se derrumba. Y el acceso a la Salvación se va cerrando —pero es la propia persona la que lo cierra, mientras él aún está allá, disponible para quien obedece a Dios.

De nada sirve recibir el Espíritu Santo sin darle el control de su vida, sin obedecer su orientación. Cuando Él está actuando, la persona es una nueva criatura, renacida y lista para una vida plena. Sin Su acción, aquella vieja criatura de antes de recibirlo y del bautismo vuelve a tomar la dirección, con una mentalidad meramente humana y limitada. En esa fe, los “síntomas” de que la Salvación se está escurriendo de los dedos se vuelven más evidentes.

Por eso, el obispo Julio Freitas enlista 10 señales que pueden estar sucediendo en su vida en este exacto momento y que ponen su salvación en peligro.

1.- No siente placer de hablar con Dios

Hay personas que dejan de orar, meditar y expresar su dependencia a Él bajo la excusa de falta tiempo, cansancio y que Dios ya sabe lo que ellas necesitan.

2.- No tiene placer de conocer la voluntad de Dios

Quien deja de leer la Biblia, automáticamente deja de oír la voz del Señor. De esa manera, se queda sin saber cuál es la voluntad de Dios para su vida, pues las Sagradas Escrituras son la Fuente de esa información.

3.- Miedo a la muerte

Teme el destino de su alma, pues no tiene la certeza de la Vida Eterna.

4.- Miedo de no ser arrebatado

Le teme a la venida del Señor Jesús porque sabe que el modo de vida que está teniendo no le da el derecho al arrebatamiento.

5.- Valora más las cosas materiales que las espirituales

Pierde la visión de la Salvación porque le da más valor a lo material y lo prioriza, haciendo a un lado lo espiritual, que es lo principal, como algo secundario.

6.- Quiere agradar más a las personas que a Dios

A la persona le importa más lo que piensan y esperan de ella los seres humanos que están a su alrededor que lo que Dios piensa y espera de ella.

7.- No tiene temor

El temor a Dios no representa miedo, sino un profundo respeto. Por eso, por no respetar, la persona miente, guarda rencor, envidia, juzga, desobedece y se rebela. Y, al rebelarse, en realidad quiere imponer su voluntad.

8.- No se concentra en la alabanza, oración o adoración

Se distrae fácilmente, abre los ojos, piensa en otros temas y termina quedándose vacía. “Ora”, “alaba” y “adora”, pero es como si no estuviera allí.

9.- No tiene alegría de la salvación

Quien es salvo de hecho irradia alegría, es feliz sin importar cuáles sean las circunstancias, pues es alegre espontáneamente. Se siente seguro, en paz y no es acomodado.

10.- El mensaje siempre es para los demás

La persona cree que la prédica sirve para todo el mundo, menos para ella, que no la necesita. Pero el Señor Jesús siempre está para renovarnos —a todos nosotros, independientemente de cuándo nos sintamos listos— para que aprendamos a tener un corazón, una mente y espíritu nuevos.

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