leer-biblia

Lea la Biblia en 1 año – 338° día

 

igl17-377

Conocer la Biblia es muy importante para todos nosotros, especialmente en los momentos más difíciles de nuestra vida, porque Dios habla con nosotros por medio de Su Palabra. El Espíritu Santo nos conduce, nos orienta, y cuando pasamos por tribulaciones, Él nos hace recordar lo que está escrito en la Biblia, una Palabra de Dios que nos conforte. Pero solo la recordaremos si la conocemos.

Por eso, elaboramos un plan para que usted lea la Biblia en 1 año. Si usted todavía no comenzó, haga clic aquí y empiece ahora, no lo deje para mañana. Usted verá cómo se transformará su vida.

Si usted ya está en este propósito, acompañe la lectura de hoy:

2° Crónicas 3

1 Entonces Salomón comenzó a edificar la casa del Señor en Jerusalén en el monte Moriah, donde el Señor se había aparecido a su padre David, en el lugar que David había preparado en la era de Ornán jebuseo.

2 Y comenzó a edificar en el segundo día del segundo mes, del año cuarto de su reinado.

3 Estos son los cimientos que Salomón puso para la edificación de la casa de Dios. La longitud en codos, conforme a la medida antigua, era de sesenta codos, y la anchura de veinte codos.

4 Y el pórtico que estaba al frente del templo tenía la misma longitud que la anchura de la casa, veinte codos, y la altura, ciento veinte; y lo revistió por dentro de oro puro.

5 Recubrió el salón principal de madera de ciprés, la revistió de oro fino y la adornó con palmas y cadenillas.

6 Adornó además la casa con piedras preciosas; y el oro era oro de Parvaim.

7 También revistió de oro la casa: las vigas, los umbrales, sus paredes y sus puertas; y esculpió querubines en las paredes.

8 Hizo asimismo la habitación del lugar santísimo; su longitud, correspondiente a la anchura de la casa, era de veinte codos, y su anchura era de veinte codos; la revistió de oro fino, que ascendía a seiscientos talentos.

9 El peso de los clavos era de cincuenta siclos de oro. También revistió de oro los aposentos altos.

10 Entonces hizo dos querubines de obra tallada en la habitación del lugar santísimo y los revistió de oro.

11 Y las alas de los dos querubines medían veinte codos; el ala de uno, de cinco codos, tocaba la pared de la casa, y su otra ala, de cinco codos, tocaba el ala del otro querubín.

12 Y el ala del otro querubín, de cinco codos, tocaba la pared de la casa; y su otra ala, de cinco codos, se unía al ala del primer querubín.

13 Las alas de estos querubines se extendían veinte codos; estaban de pie, con sus rostros vueltos hacia el salón principal.

14 Hizo después el velo de violeta, púrpura, carmesí y lino fino, e hizo bordar querubines en él.

15 Hizo también dos columnas para el frente de la casa, de treinta y cinco codos de alto, y el capitel encima de cada una era de cinco codos.

16 Hizo asimismo cadenillas en el santuario interior, y las puso encima de las columnas; e hizo cien granadas y las puso en las cadenillas.

17 Y erigió las columnas delante del templo, una a la derecha y otra a la izquierda, y llamó a la de la derecha Jaquín y a la de la izquierda Boaz.

2° Crónicas 4

 

1 Entonces hizo un altar de bronce de veinte codos de largo, de veinte codos de ancho y de diez codos de alto.

2 Hizo también el mar de metal fundido, de diez codos de borde a borde, en forma circular; su altura era de cinco codos y su circunferencia de treinta codos.

3 Y había figuras como de bueyes debajo de él y todo alrededor, diez en cada codo, rodeando por completo el mar. Los bueyes estaban en dos hileras, fundidos en una sola pieza.

4 El mar descansaba sobre doce bueyes; tres mirando al norte, tres mirando al occidente, tres mirando al sur y tres mirando al oriente; el mar descansaba sobre ellos y todas sus ancas estaban hacia adentro.

5 Su grueso era de un palmo, y su borde estaba hecho como el borde de un cáliz, como una flor de lirio; cabían en él tres mil batos.

6 Hizo también diez pilas para lavar, y puso cinco a la derecha y cinco a la izquierda para lavar las cosas para el holocausto; pero el mar era para que los sacerdotes se lavaran en él.

7 Entonces hizo los diez candelabros de oro según su diseño y los puso en el templo, cinco a la derecha y cinco a la izquierda.

8 Hizo además diez mesas y las colocó en el templo, cinco a la derecha y cinco a la izquierda. Hizo también cien tazones de oro.

9 Después hizo el atrio de los sacerdotes, el gran atrio y las puertas para el atrio, y revistió las puertas de bronce.

10 Y puso el mar al lado derecho de la casa, hacia el sureste.

11 Hiram hizo también los calderos, las palas y los tazones. Así terminó Hiram la obra que hizo para el rey Salomón en la casa de Dios:

12 las dos columnas, los tazones y los capiteles en lo alto de las dos columnas, y las dos mallas para cubrir los dos tazones de los capiteles que estaban encima de las columnas,

13 y las cuatrocientas granadas para las dos mallas, dos hileras de granadas para cada malla, para cubrir los dos tazones de los capiteles que estaban sobre las columnas.

14 Hizo también las basas, e hizo las pilas sobre las basas,

15 y el mar con los doce bueyes debajo de él.

16 Los calderos, las palas, los garfios y todos sus utensilios los hizo Hiram-abí para el rey Salomón, para la casa del Señor, de bronce pulido.

17 El rey los fundió en la llanura del Jordán, en la tierra arcillosa entre Sucot y Seredata.

18 Y Salomón hizo todos estos utensilios en gran cantidad, de tal manera que el peso del bronce no se pudo determinar.

19 También hizo Salomón todas las cosas que estaban en la casa de Dios: el altar de oro, las mesas con el pan de la Presencia sobre ellas,

20 los candelabros con sus lámparas de oro puro, para que ardieran frente al santuario interior en la manera designada;

21 las flores, las lámparas y las tenazas de oro, de oro purísimo;

22 y las despabiladeras, los tazones, las cucharas y los incensarios de oro puro. La entrada de la casa, sus puertas interiores para el lugar santísimo y las puertas de la casa para la nave eran también de oro.

1° Juan 3

1 Mirad cuán gran amor nos ha otorgado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; y eso somos. Por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a El.

2 Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que habremos de ser. Pero sabemos que cuando El se manifieste, seremos semejantes a El porque le veremos como El es.

3 Y todo el que tiene esta esperanza puesta en El, se purifica, así como El es puro.

4 Todo el que practica el pecado, practica también la infracción de la ley, pues el pecado es infracción de la ley.

5 Y vosotros sabéis que El se manifestó a fin de quitar los pecados, y en El no hay pecado.

6 Todo el que permanece en El, no peca; todo el que peca, ni le ha visto ni le ha conocido.

7 Hijos míos, que nadie os engañe; el que practica la justicia es justo, así como El es justo.

8 El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo ha pecado desde el principio. El Hijo de Dios se manifestó con este propósito: para destruir las obras del diablo.

9 Ninguno que es nacido de Dios practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.

10 En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo aquel que no practica la justicia, no es de Dios; tampoco aquel que no ama a su hermano.

11 Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: que nos amemos unos a otros;

12 no como Caín que era del maligno, y mató a su hermano. ¿Y por qué causa lo mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas.

13 Hermanos, no os maravilléis si el mundo os odia.

14 Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en muerte.

15 Todo el que aborrece a su hermano es homicida, y vosotros sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él.

16 En esto conocemos el amor: en que El puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.

17 Pero el que tiene bienes de este mundo, y ve a su hermano en necesidad y cierra su corazón contra él, ¿cómo puede morar el amor de Dios en él?

18 Hijos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.

19 En esto sabremos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de El

20 en cualquier cosa en que nuestro corazón nos condene; porque Dios es mayor que nuestro corazón y sabe todas las cosas.

21 Amados, si nuestro corazón no nos condena, confianza tenemos delante de Dios;

22 y todo lo que pidamos lo recibimos de El, porque guardamos sus mandamientos y hacemos las cosas que son agradables delante de El.

23 Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y que nos amemos unos a otros como El nos ha mandado.

24 El que guarda sus mandamientos permanece en El y Dios en él. Y en esto sabemos que El permanece en nosotros: por el Espíritu que nos ha dado.

Nahúm 2

1 El destructor ha subido contra ti. Monta guardia en la fortaleza, vigila el camino; fortalece tus lomos, refuerza más tu poder.

2 Porque el Señor restaurará la gloria de Jacob como la gloria de Israel, aunque devastadores los han devastado y destruido sus sarmientos.

3 El escudo de los valientes es rojo, los guerreros están vestidos de escarlata, y de acero centelleante los carros cuando están en formación, y se blanden las lanzas de ciprés.

4 Por las calles corren furiosos los carros, se precipitan por las plazas, su aspecto es semejante a antorchas, como relámpagos se lanzan.

5 Se acuerda él de sus nobles que tropiezan en su marcha, se apresuran a su muralla, y es preparada la defensa.

6 Las compuertas de los ríos se abren, y el palacio se llena de terror.

7 Está decretado: la reina es despojada y deportada, y sus sirvientas gimen como palomas, golpeándose el pecho.

8 Aunque Nínive era como estanque de aguas desde la antigüedad; ahora ellos huyen. ¡Deteneos! ¡Deteneos! Pero nadie se vuelve.

9 ¡Saquead la plata! ¡Saquead el oro! No hay límite a los tesoros, a las riquezas de toda clase de objetos codiciables.

10 ¡Vacía está! Sí, desolada y desierta. Los corazones se derriten y las rodillas tiemblan; hay también angustia en todo el cuerpo, y los rostros de todos han palidecido.

11 ¿Dónde está la guarida de los leones y el lugar donde comen los leoncillos, donde andaban el león, la leona y su cachorro, sin que nada los asustara?

12 El león desgarraba lo suficiente para sus cachorros, mataba para sus leonas, llenaba de presa sus guaridas y de carne desgarrada sus cubiles.

13 Heme aquí contra ti —declara el Señor de los ejércitos. Quemaré y reduciré a humo tus carros, la espada devorará tus leoncillos, arrancaré de la tierra tu presa, y no se oirá más la voz de tus mensajeros.

Deja tu comentario