Fotografía del alma

Fotografía del alma

Por universal.org.ec

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La historia de Caín y Abel se repite diariamente en las iglesias cristianas.

Todos los días, cristianos – buenos o malos – presentan sus ofrendas.

La mayoría deposita el fruto del trabajo delante del Altar, mientras que la minoría deposita las primicias juntamente con la grosura en el Altar.

La ofrenda de Caín, aparentemente, tenía valor por ser voluntaria. Dios no pidió nada. Él mismo, al transcurrir el tiempo, trajo al SEÑOR una ofrenda.

Es probable que Le haya atribuido el milagro de la multiplicación al Señor y haya querido agradecerle.

La ofrenda despreciable, la ofrenda con desdén, la ofrenda con mala voluntad, la ofrenda descontenta, la ofrenda inmunda, las ofrendas agradables y todas las demás reflejan solo lo que hay en el corazón del ofrendante.

La ofrenda es la foto a color del corazón del ofrendante delante de Dios.

Si es una ofrenda inmunda (resentida), Jesús enseña:

Por tanto, si traes tu ofrenda al Altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del Altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. Mateo 5:23-24

Poca gente sabe esto.

Dios no detalló el tipo de fruto ni su calidad, como fue con la ofrenda de Abel.

Solo la rechazó debido al corazón del ofrendante.

Esta quedó delante del Altar y se pudrió allí de la misma forma como fue la vida entera de Caín.

Todo porque en él había algo malo.

Si haces bien, ¿no serás aceptado?

Si hubiera procedido bien, habría sido aceptado.

Y si no haces bien, el pecado yace a la puerta – le dijo el Señor.

Al contrario de Caín, Abel, como pastor de ovejas, trajo de las primicias de su rebaño y de la grosura de este.

Nada aleatorio o de cualquier manera.

Buscó y escogió entre su enorme rebaño algo que expresara fe, amor, gratitud y temor.

Algo que reflejaba su entrega personal.

Realmente quería agradar al Señor…

No fue en vano que, a causa de su ofrenda, él alcanzó testimonio de Dios de ser justo.

Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella. Hebreos 11:4

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