Ronaldo Santos

Creer en el ESPÍRITU SANTO no es los mismo que TENERLO

La obra del Señor Jesús en la vida del ser humano sólo se completa cuando ésta recibe el Espíritu Santo

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Cuántos años serían necesarios para que una persona se convierta, nazca de Dios y sea sellada con el Espíritu Santo?

Para los discípulos muchos años caminando con el Señor Jesús no fueron suficientes para conocerle, simplemente porque en ellos no habitaba el Espíritu Santo.

Nadie convivió más cerca del Señor Jesús en este mundo que Sus discípulos. Imagínese, ellos pasaban largas jornadas con Jesús, lo tenían cara a cara, oían Su voz, comían con Él, lo veían expulsando demonios, curando enfermos, resucitando muertos, caminando sobre el mar, recibían Sus enseñanzas, era maravilloso, ¿verdad?

Eso no fue suficiente para que Jesús considerara a Pedro como una persona convertida, ya que, al término de 3 años, conviviendo con el Maestro, Jesús le dijo: “Y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos”. Lucas 22:32.

Para que usted pueda ser de Dios, es necesario que nazca de Él y que reciba el sello de Su Espíritu, de lo contrario: “Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él”. Romanos 8:9.

Cuanto más pasa el tiempo, más comparamos los acontecimientos de la época de Jesús con los de la actualidad, entonces vemos lo semejantes que son y cómo nuestro Señor, ya en aquel tiempo, advertía a los discípulos al respecto de las mismas situaciones que hoy oímos. Quien no tiene el Espíritu Santo no pertenece a Dios.

Muchas personas piensan, que creer en el Espíritu Santo es lo mismo que ser nacida de Él. Pero, el hecho de creer en Él, no significa que lo tengamos, ya que para ser sellados con el Espíritu Santo es necesario que haya una entrega completa de la propia vida, caso contrario no habría motivos para que Él habite en nuestro interior.

Volviendo a la pregunta del comienzo, la cantidad de tiempo o años lo va a determinar su tipo de entrega a la voluntad del Señor Jesús. Si esta es total, en un cien por ciento, con certeza usted se tornará una persona convertida, nacida de Dios y sellada con su Santo Espíritu.

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