Destacado Obispo Macedo

16° Día del Ayuno de Daniel

obs18-030

Los beneficios de la fe suceden debido a la obediencia a la Palabra. Pero lo que ha pasado desapercibido es que la obediencia en sí es una actitud. No un sentimiento.

Fe es actitud, acción, movimiento. Cuando andamos en la fe, el Espíritu de Dios nos mueve. Entonces, no hay miedo, duda, ansiedad o preocupación. Al contrario, hay certeza, convicción, determinación y coraje para poner en práctica la dirección Divina. Esa química de la fe combina con el Espíritu.

Dios es Espíritu.

En el original, la palabra espíritu está asociada al viento, soplo, aliento, luz, fuego, etc. Jesús enseña que el guiado por el Espíritu Santo es como el viento.

Moisés vio a la zarza arder sin ser consumida;

En el desierto, Israel era guiado por una columna de fuego a la noche y por una nube durante el día;

En la inauguración del Templo, la presencia de Dios descendió en forma de fuego;

Elías oró y descendió fuego del cielo;

Los discípulos estaban reunidos en el Cenáculo cuando Un Sonido como de un viento impetuoso llenó toda la casa.

Andar en Espíritu es andar en la fe o en movimiento.

De nada sirve tener conocimientos bíblicos y no tomar una actitud. Muchos piensan que eso es suficiente para la Salvación y se acomodan en la fe. Son activos en la desobediencia pero pasivos en la práctica de la Palabra. Para ellos, el Señor manda el siguiente recado:

¿Qué derecho tienes tú de hablar de Mis estatutos, y de tomar mi pacto en tus labios? Pues tú aborreces la disciplina, y a tus espaldas echas Mis palabras. Salmos 50:16-17

El poseído por el Espíritu es guiado como por un Viento impetuoso, es obediente. Debido a eso, El Espíritu Santo inspira, él practica y conquista su tierra prometida.

Dios les prometió Canaán a Abraham y a sus descendientes. Pero, como todas las promesas Divinas, no suceden de forma automática. Hay que tomar posesión de ellas. Entre ellas y su cumplimiento existe un camino a recorrer. Es por la acción de la fe que se toma posesión de las promesas.

La Salvación del alma no es diferente. Fuimos salvos, estamos salvos y seremos salvos si perseveramos en la fe. Si continuamos viviendo de fe en fe, tomando actitudes, siguiendo la dirección del Espíritu.

Obispo Macedo
Obispo Edir Macedo
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